Retratando a Valle Inclán: El testimonio del autor, de sus contemporáneos y de los historiadores

   th “De rostro español y quevedesco, de negra guedeja y luenga barba (…) feo, católico y sentimental”[1] así se definió Valle Inclán ante un público ansioso de conocer más de cerca a un escritor que por la originalidad de su aspecto, personalidad y obra no dejaba indiferente a nadie.

    Hoy día, gracias a las numerosas investigaciones que se han hecho entorno a su vida y a sus creaciones sabemos gran parte de lo qué hay detrás de esa imagen de bohemio estrafalario, aunque todavía quedan muchos aspectos por aclarar y descubrir.

      Una de las principales vías para poder indagar sobre todo lo relacionado con el escritor gallego son las publicaciones de las revistas de la época. El artículo de Ricardo Fuente (Alma española, 1903) resulta de gran interés, ya que nos ofrece una visión más cercana y subjetiva del dramaturgo compostelano que las proporcionadas por las biografías convencionales.

     Valle Inclán es descrito por él como un hombre “de singular heroísmo”, “de espíritu apasionado e inquieto”, “seguro de sí mismo”, “muy aristocrático” y con “un fino y exquisito temperamento de artista”. Pero su retrato va más allá, pues nos muestra la parte más oscura de la personalidad del dramaturgo “ser reservado, frío, indiferente”, “Neurótico de alma complicada” que “discute con la vehemencia de un poseído” y que “Se dej  a llevar por sus odios o sus amores” para convertirse “ en terrible anarquista literario”.

    Según Ricardo Fuente, el lema de Don Ramón era “los que no estén conmigo están contra mí” y, al parecer, ni siquiera los grandes genios se libraban de “sus sarcasmos y desdenes”. Como él mismo indica “Un cónclave de cardenales que oyese blasfemar a Satanás no quedaría tan asombrado y estupefacto como cualquier amante de las letras al oír a Valle sus heréticos atrevimientos”. La ironía que desprenden tales palabras se convierte en crítica al relatar cómo se sentían los oyentes de las tertulias del poeta de Arosa y  al describir cómo se comportaba él ante estos:

Cuando el interés llegue a su colmo y vuestra sensibilidad se halle más dolorida, como el muy cruel lo conoce y lo sabe, temeroso de que el cansancio deshaga el poder del hechizo, termina su relato con alguna imagen brillante y se aleja con el ceño fruncido, aguardando a que volváis la página para reírse burlonamente de vuestra credulidad y sencillez.

     Pero no solo se limita a evocar la escena, sino que reproduce frases de Valle Inclán, permitiendo con ello que el lector compruebe la veracidad de sus afirmaciones: “Imbéciles; si he halagado vuestro oído, ¿qué más queréis? ¿Por acaso soy yo algún padre misionero? ¿Por ventura imagináis que el arte es un tratado de moral?”.

      Ricardo Fuente no comparte el esteticismo del autor compostelano “Lo bello inútil: ese es su ideal”, aunque admira profundamente tanto la calidad expresiva de su obra “Su musa es delicada y bonita, caprichosa (…) embriaga, néctar que endulza” como su cualidades de orador “Es un mago de la palabra, un encantador irresistible, que se apodera de vuestro espíritu con la seductora armonía de su voz”.

      Además, su testimonio permite conocer los gustos del escritor gallego tanto los externos “Si fuese rico, sería dandy” como los más internos “Está enamorado de Brummell, d´Orsay y Lauzun”. Pero su afán descriptivo va más allá, pues se atreve a indagar en el proceso creador del artista:

Cuando escribe, se preocupa hasta el punto de ponerse calenturiento, de las sonancias, repeticiones, verbos auxiliares, relativos, de todas esas garambainas que embarazan la producción literaria y la convierten en dolorosísimo parto que desgarra las entrañas y agota las fuerzas.

     Sin embargo, su artículo omite cierta información sobre el autor de los esperpentos, que resulta imprescindible para completar su retrato. Llama la atención que no se refiera a “su particular ceceo “a “la imagen de manco” o a alguno de los múltiples altercados que protagonizó. Si deseamos conocer detalles precisos tanto de su obra como de su vida, es necesario recurrir a una de sus biografías.

    En los estudios sobre el dramaturgo gallego se cuenta de manera objetiva aspectos tan importantes como los motivos que pudieron llevarle a interesarse por las letras. Su padre “escritor por gusto Ramón del Valle Bermúdez (amigo de Manuel Murguía —esposo de Rosalía de Castro— y Andrés Muruáis)”, desde muy pequeño pudo acceder a “la buena biblioteca paterna” y a una buena educación” y se le “asignó como preceptor un clérigo de la Puebla del Deán”.

     Las biografías sobre este estrafalario poeta también describen con exactitud sus años de juventud en los que “frecuentaba más los cafés que las aulas”,  ya que al parecer no le interesaban demasiado los estudios de derecho. Estas explican también la importancia que tuvo su viaje a México en su cambio físico “capa,  chalina, sombrero, polainas blancas y (…) sus «barbas de chivo»”. Dicha descripción puede complementarse con la proporcionada por Ricardo Fuentes:

   alto, delgado, con cara de Cristo bizantino adornada de lentes; melena merovingia, que abundosa y desbordante, cae sobre sus hombros; enorme sombrero de gaucho paraguayo; cuellos de tal modo inverosímiles, que obscurecen y dejan tamañitos a los ya célebres de Luis Morote.

   Acudir a los estudios modernos sobre Valle Inclán permite conocer muchas de las vivencias y anécdotas que a este le ocurrieron. Una de las más conocidas es la relacionada con la pérdida de su brazo tras una violenta pelea en París con el escritor Manuel Bueno. Se dice que mientras lo operaban estuvo despierto y “durante los últimos instantes se fuma un habano, haciendo ascender al techo grandes volutas de humo”.

   También, ha sido bastante comentada su entrada en prisión. Esta se produjo por desobedecer (con la intención de provocar) la ordenanza de Primo de Rivera de vestirse con símbolos carlistas: “¡Españoles!¡Soy el rey Alfonso XIII! ¡Primo me ha secuestrado para obligarme a abdicar en él! ¡Liberadme!”.

    De sus creaciones llama la atención su diversidad y su originalidad. Como prosista sobresale tanto en el relato corto modernista, con Las Sonatas, como en la novela esperpéntica con Tirano Banderas; en teatro su mayor aportación son los esperpentos de Luces de Bohemia o Martes de Carnaval basados en la célebre afirmación de Valle Inclán: “Mi estética es una superación del dolor y de la risa”[2] y esta se manifiesta al “transformar con matemática de espejo cóncavo las normas clásicas”.

   Es importante señalar también que algunos de los datos que ofrece Ricardo Fuente entran en contradicción con los expuestos en los estudios sobre su vida.

   Por un lado, dice que al poeta gallego solo le interesaba la literatura “Fuera del arte todo le es extraño, y nada comprende” y que ello hacía que Valle Inclán despreciara todo lo relacionado con la política. Sin embargo, las biografías explican que en 1910 se presentó a diputado por el Partido Carlista, pero no obtuvo escaño y que fue cofundador en  1933 de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética.

     Por otro lado, lo define como “de firme resignación cristiana” cuando es bien conocido el gusto de la mayoría de sus contemporáneos por “los saberes ocultistas, gnósticos y esotéricos, herméticos, alquímicos y teosóficos, y de trasfondo pitagórico y neoplatónico”.

     A pesar de estas incoherencias y de la omisión de datos importantes que hay en el retrato de Ricardo Fuente (debido a la brevedad que el género periodístico le imponía y a su intención de trasmitir solo la información que potenciara el mito del bohemio), no se puede negar el gran valor literario, humano e histórico de su artículo.

    Además, si se compara la caracterización que este realiza con otras que se hicieron en la época, puede verse que la imagen dada por él es muy parecida a la difundida por el resto de sus contemporáneos incluso la difundida por  el mismo Valle Inclán.

    El dramaturgo compostelano recrea en “Juventud militante”[3] sus primeras vivencias, dotándolas de cierto heroísmo “era feliz: soñaba realizar altas empresas, como un aventurero de otros tiempos, y despreciaba las glorias literarias” y comicidad “Fui hermano converso en un monasterio de cartujos, y soldado en tierras de la Nueva España”.  Antonio Machado y  Rubén Darío también contribuyeron a aumentar el mito de su figura:

“Balada laudatoria […] R.Darío[4]

[…] dice en versos ricos de oro y esmalte

don Ramón María del Valle-Inclán.

Sus aprobaciones diera el gran Will, […]

Poema a Don Ramón […] A. Machado [5]

 Plúrima barba al pecho te caía.

(Yo quise ver tu manquedad en vano).

Sobre la negra barca aparecía tu verde senectud de dios pagano.                   

Habla, dijiste, y yo: cantar quisiera

loor de tu Don Juan y tu paisaje,


   Con el transcurso de los años, los elogios hacia Valle Inclán no solo no han cesado, sino que se han incrementado considerablemente. Una prueba de ello es la gran cantidad de estudios y monografías sobre su vida y obra. Destaca, por su enorme difusión, el documental hecho recientemente por Radio Televisión Española[6] “de tertulia con Valle Inclán”. En él se recrea con precisión el ambiente de la època, aparecen personalidades con las que debatió (Azorín, Baroja, Jacinot Benavente) y se da voz a sus principales personajes (El marqués de Bradomín o Max Estrella).

     Pero el interés por saber más del autor compostelano, también ha hecho que en los últimos años se desmientan alguna de las creencias más difundidas. Uno de los testimonios que más a contribuido a ello es el de su nieto, Joaquín del Valle Inclán, quien en una entrevista hace estas aclaraciones respecto a la ideología y vida del escritor.

    Por un lado, define su tendencia política “Pasa de la ultraderecha carlista a una derecha liberal. Él se opone a la dictadura de Primo de Rivera (…) por el rey Alfonso XIII, al que no podía ni ver” y añade “admiraba a Mussolini, a Lerroux o a Lenin. No por la ideología, sino porque él no cree, como toda su generación, en la democracia” a él le gustaba “El hombre fuerte, el conductor de masas”.

     Por otro, confiesa que no pasó necesidades económicas “siempre tiene casa en Madrid y en Galicia, desde 1913 a 1926, la familia veranea habitualmente en Navarra” y que “sobre su vida privada mintió sistemáticamente ” debido a que dijo “ que su primer hijo fue una hija” a que “se quitaba y se ponía años con una facilidad pasmosa” y porque hizo creer “que su primer libro fue Aromas de leyenda…” Para aclarar todas estas confusiones y sacar a luz la verdad, Joaquín del Valle Inclán se ha propuesto realizar en breve una biografía de su abuelo.

[1] Valle Inclán “Juventud Militante”, Alma española, 1903.

[2] http://www.revistakatharsis.com/rev_nov_03_sm_dra_07.html

[3] Valle Inclán “Juventud Militante” Alma española, 1903.

[4] http://www.poesias/rd20010.htm

[5] http://www.poemasde.net/a-don-ramon-del-valle-inclan-antonio-machado/

[6] http://www.rtve.es/alacarta/videos/imprescindibles/imprescindibles-tertulia-valle-inclan/1326940/

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Acerca de Zoraida

Ha realizado el Grado en Lengua y Literatura española (UAB) y el Máster de estudios filológicos superiores (UVA). Además, cuenta con dos posgrados: "Experto en Humanidades Digitales" (UNED) y "Diseño y gestión de proyectos elearning" (UOC). En la actualidad, cursa el doctorado de Español: Lingüística, Literatura y Comunicación en la Universidad de Valladolid. Gran parte del contenido del blog es de autoría propia y, por tanto, los derechos de propiedad intelectual de su contenido y de sus imágenes están reservados exclusimavente a su creadora. Los diversos elementos que conforman las entradas solo se podrá compartir reconociendo sus derechos morales y sin obtener ningún tipo de beneficio económico por ello.
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2 respuestas a Retratando a Valle Inclán: El testimonio del autor, de sus contemporáneos y de los historiadores

  1. Zoraida, me temo que algo hice mal ayer pues no veo el aviso que te dejé. Lo repito por si acaso: En este enlace https://jaordiz.wordpress.com/2015/12/15/dardos/ tienes mi más sincero reconocimiento a tu labor. Un abrazo, o dos.

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  2. Ahora sí lo veo, ayer no me fijé y, seguramente, no le di bien a publicar comentario, la madre que me… En fin, más vale tarde que nunca.

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