El romance en Al-andalus: el origen del español

  

   La rápida conquista de la Península Ibérica (Al-Andalus) por parte de los musulmanes  impuso  el árabe como lengua oficial y de cultura en gran parte de este territorio [1], creando con ello una sociedad bilingüe árabo-románica [2] desde el siglo VIII hasta el  XI o XII. En esa habla románica se continuaba el latín, aunque  este era sólo una lengua para el coloquio, carente de cualquier normalización y fragmentada en formas diversas. 

   El conocimiento de la lengua románica de Al-Andalus choca con grandes dificultades. Por un lado, ni siquiera podemos nombrarla con un término específico. El más habitual es mozárabe, pero esta palabra tenía una aplicación socioreligiosa. También se utiliza la denominación genérica “aljamía”, que para los árabes significabalengua de extranjeros”. Parece que estos tuvieron plena conciencia de que el latín y el romance constituían ya dos realidades lingüísticas bien diferenciadas. Por otro, nuestro conocimiento del mozárabe se limita, en buena parte, al léxico. Por medio de él podemos muchas veces reconstruir su fonética; muy poco, en cambio, conocemos de otros planos de la lengua. 

   A esto hay que añadir que casi todos los elementos mozárabes nos han sido transmitidos por los árabes como formas extranjeras en grafía arábiga o como romanismos que el árabe hispano había asimilado y luego transmitió a castellanos, portugueses o catalanes,  lo que dificulta mucho la interpretación de esos datos. Mozarabismos o romanismos son los que nos ofrecen desde el siglo X al XV los tratados árabes de medicina o botánica. Son fundamentales, además, los Libros de Repartimiento, que los conquistadores empiezan a confeccionar desde el siglo XIII con el objeto de inventariar las posesiones de los musulmanes.

     A través del mozárabe,  nos ha llegado la toponimia andalusí de origen latino: en unos casos sólo han intervenido cambios lingüísticos de origen árabe (HISPALIS > lsbiliya > Sevilla), pero en otros muchos las alteraciones corresponden a la evolución fonética mozárabe (ÓNUBA > Huelva). También nos ha llegado términos de alimentación (gazpacho o guisante) y nombres de peces (jurel o pargo) y de recipientes  (búcaro, capacho o cenacho) y relacionados con la construcción (alcayata o cambija), el mundo agrícola (campiña, corcho  o marisma) y con oficios artesanos: cordobán o trapiche.

     Más interesantes, si cabe, por contener los únicos datos de sintaxis mozárabe, son las cancioncillas romances que sirven de remate a las moaxajas árabes y hebrea:  las jarchas y los zéjeles. Las primeras son los testimonios más antiguos de la lírica románica de la Peninsula (entre el siglo XI y el siglo XII) y los segundos se hallan escritos en árabe vulgar e incluyen  palabras  en romance.  Por último, debe señalarse que  pueden apreciarse ciertos rasgos comunes en la forma de varios de estos mozarabismos: el artículo árabe al-, la presencia de ch en lugar de la dental (así chacina frente a cecina, o el sufijo -acho en vez de -azo), el empleo de la consonante sorda por la sonora (alcayata frente a cayado) y los topónimos terminados en -(i)el  (Carabanchel) o -uel (Teruel o  Buñuel).

 


[1] En  los distintos enclaves de resistencia, desde la cordillera Astur hasta el Pirineo, surgieron nuevos centros (Oviedo, León, Burgos o Barcelona) en los que se fraguaron los nuevos modos lingüísticos sobre un fondo de latín vulgar. Estos se esparcieron sobre el resto de la Península con el avance cristiano.

[2] El léxico español de procedencia arábiga es muy abundante. Se ha señalado que constituye, aproximadamente, un 8% del vocabulario total (unos 800 ó 900 términos primitivos que pueden llegar a 4.000. Puede decirse que casi todos los campos de la actividad humana cuentan en español con arabismos, solo parece quedar excluido el vocabulario de sentimientos y emociones.  Podemos destacar el vocabulario científico, dada la superioridad árabe (álgebra, alcohol o jarabe), el que hace referencia al entorno (alcantarilla, aldea o alcázar), el relacionado con la naturaleza (azúcar, aceituna o jazmín), en general oficios o comercio (albañil, aduana o alcalde, alguacil),  las alimentación y los  vestidos y juegos: fideos, alfombra o ajedrez). Sin embargo, donde más profunda es la huella de lo arábigo es en aquellos casos donde el árabe insufló significación nueva a las palabras romances  (holgazán)  y en los  casos de ampliación semántica de ciertas palabras por influjo del árabe: casa (casa/ciudad).

 

Bibliografía

Cano Aguilar, Rafael  (1988), El español a través de los tiempos, Madrid: Arco Libros.

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Acerca de Zoraida

Ha realizado el Grado en Lengua y Literatura española (UAB) y el Máster de estudios filológicos superiores (UVA). Además, cuenta con dos posgrados: "Experto en Humanidades Digitales" (UNED) y "Diseño y gestión de proyectos elearning" (UOC). En la actualidad, cursa el doctorado de Español: Lingüística, Literatura y Comunicación en la Universidad de Valladolid. Gran parte del contenido del blog es de autoría propia y, por tanto, los derechos de propiedad intelectual de su contenido y de sus imágenes están reservados exclusimavente a su creadora. Los diversos elementos que conforman las entradas solo se podrá compartir reconociendo sus derechos morales y sin obtener ningún tipo de beneficio económico por ello.
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