El camino hacia el Parnaso: El canon poético en el Siglo de Oro (I)

  El inventario y la clasificación de poetas auriseculares que manejamos hoy día no coincide con la jerarquía de autores que tenían en los del Siglo de Oro. Las creaciones poéticas de escritores famosos como Rodríguez de Ardila, Berrío Garay o Luis de Vargas son en la actualidad casi totalmente desconocidas y las de ingenios como Aldana o  Gutierre de Cetina (considerado un relevante poeta renacentista por la crítica moderna) pasaron desapercibidas en su tiempo (Carreira, 2001: 38). Conocer cómo se divulgó la poesía en la España de los Austrias resulta fundamental para poder comprender la formación y la evolución del canon poético en el Barroco.

    En una sociedad con altos índices de analfabetismo, la difusión oral  de la lírica debió ser la vía más practicada. No obstante, tanto la transmisión escrita como la impresa adquirieron un papel relevante y no excluyente, pues ambas poseían ventajas e inconvenientes.  La circulación de la poesía mediante manuscritos permitía a los autores ofrecer sus obras a través de un medio que era valorado por su singularidad y por estar “siempre en marcha” (Dadson, 2011: 16). Sin embargo, la  copia manual podía modificar el contenido o la estructura de los poemas e impedir su correcta atribución. Las múltiples referencias anónimas o falsas que se producían en los cancioneros o cartapacios hacen que la crítica  ponga en tela de juicio la autoría de muchas composiciones que, actualmente, se firman bajo el nombre de autores canonizados.

    La impresión de un poemario y la publicación de versos en pliegos de cordel tampoco garantizaban una correcta atribución y transmisión de las composiciones editadas, aunque permitía fijar los textos y alcanzar una mayor difusión. Los libros de poesía más frecuentes en las bibliotecas de España, entre 1600 y 1650, pertenecen a autores latinos (Virgilio y Ovidio) e italianos (Petrarca, Alciato, Lucano y Ariosto). A continuación, se hallan las creaciones de Juan de Mena, Alciato, Horacio y Lope de Vega (Díez, 2010: 124).  A pesar de la supremacía de los escritores latinos e italianos en las estanterías hispanas, tanto las obras de estos como las de los poetas españoles[1] más valorados (Hurtado de Mendoza, Juan de la Cuesta, Jáuregui, Herrera, los hermanos Argensola, Lope de Vega y  Góngora) se publicaron en el formato que se consideraba de prestigio: el cuarto (García, 2009).

    Generalmente, el octavo, el doceavo y el dieciseisavo se reservaron para las primeras ediciones de poetas “no clásicos” o para las reediciones. Por ello, las impresiones en tamaño de bolsillo fueron mucho más populares en el periodo aurisecular.  Quevedo utilizó este formato en 1631 para publicar las obras de  Fray Luis de León y de Francisco de la Torre. Su objetivo era combatir el ocultismo poético y conceptual de Góngora y de Herrera con la poesía cultivada por Garcilaso y heredada por el creador del Cantar de los Cantares: “contra los desmanes del ornato gongorino y la jerigoza circundante, la palabra esclarecida de Fray Luis de León hace las veces de antídoto reparador”  (Núñez, 2010: 200).

    El intenso debate que suscitaron los versos cultistas de  Góngora tuvo origen en la divulgación manuscrita del Polifemo y de la Primera Soledad  y abarcó más de medio siglo (1613- 1666). Los detractores del estilo elitista del genio cordobés  hallaron en la poesía de Quevedo a un  vástago de la lírica clasicista. La voluntad del poeta madrileño de reivindicarse como único heredero de Petrarca (intenta desplazar de la historia literaria a Boscán, Garcilaso, Herrera y Góngora) se manifiesta en obras como Heráclito. Este poemario renueva las ideas del petrarquismo: “[…] el Heráclito, como en los poemas finales del ciclo de Lisi, intentó usar motivos extraídos de la tradición petrarquista con una finalidad más moral que amorosa” (Navarrete, 1997:  299).

    El anhelo de Quevedo de alcanzar cuanto antes el Parnaso hizo que prepara una cuidada edición de su obra en verso, que fue llevada a imprenta por su sobrino pocos años después de su fallecimiento. Parnaso español (1648) logró un éxito comercial tan solo equiparable al obtenido por las Rimas de Lope de Vega. Las múltiples reediciones de sus primeros poemarios hicieron que se convirtiera en el único poeta del Siglo de Oro que fue canonizado en vida. Pero mientras que la prolífera producción impresa del Fénix cayó considerablemente tras la década de 1620, las ediciones de la lírica quevedesca alcanzaron altas cuotas de mercado hasta mediados del siglo XVIII.

 


[1]La mayoría de poetas españoles que hoy conforman el canon aurisecular no publicaron sus obras en vida. Rodríguez Moñino (1963: 20) señala la distancia temporal que existe entre su fallecimiento  y el año de impresión de sus poemarios: San Juan de la Cruz 1591 (1627-1628), Fernando de Herrera 1597 (1619), Lupercio Leonardo de Argensola 1613 (1634), Miguel de Cervantes 1616 (1916), Juan de Arguijo 1623 (1841), Luis de Góngora 1627 (1627, póstumas) y Francisco de Quevedo 1645 (1648).


 

Bibliografía citada

Carreira, Antonio (2001), “El manuscrito como transmisor de las humanidades en el  Siglo de Oro”, Boletín del Instituto de Investigaciones Bibliográficas , 6, 1-2, pp. 21-46.

Dadson, Trevor (2011), “La difusión de la poesía española impresa en el siglo XVII”, Bulletin hispanique, 113, 1,  pp. 13-42.

Díez, Ignacio (2010), “Compilar y desleír la poesía erótica de los Siglos de Oro: los cancioneros de Amancio Peratoner”, eHumanista, 15, pp. 302-320.

García, Ignacio, (2009), “Anexo”, Poesía y edición en el Siglo de Oro, Calambur, Madrid,  pp. 355-365.

Navarrete, Ignacio (1997), “Góngora, Quevedo y el fin del Petrarquismo en España”,  Los huérfanos de Petrarca: poesía y teoría en la España renacentista, Gredos, Madrid, pp. 254-307.

Rodríguez, Antonio (1968), “Transmisión de la obra poética suelta”, Construcción crítica y realidad histórica en la poesía española de los siglos XVI y XVII, Castalia, Madrid, pp. 38.

Anuncios

Acerca de Zoraida

Ha realizado el Grado en Lengua y Literatura española (UAB) y el Máster de estudios filológicos superiores (UVA). Además, cuenta con dos posgrados: "Experto en Humanidades Digitales" (UNED) y "Diseño y gestión de proyectos elearning" (UOC). En la actualidad, cursa el doctorado de Español: Lingüística, Literatura y Comunicación en la Universidad de Valladolid. Gran parte del contenido del blog es de autoría propia y, por tanto, los derechos de propiedad intelectual de su contenido y de sus imágenes están reservados exclusimavente a su creadora. Los diversos elementos que conforman las entradas solo se podrá compartir reconociendo sus derechos morales y sin obtener ningún tipo de beneficio económico por ello.
Minientrada | Esta entrada fue publicada en investigación y docencia, Literatura española, Siglo XVII: Barroco, Siglo XX (I): Modernismo y vanguardias y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

6 respuestas a El camino hacia el Parnaso: El canon poético en el Siglo de Oro (I)

  1. Aporto algo de ornato gongorino, el soneto amoroso tan unido a nuestra agua, a tan brillante post:
    http://www.futurodelagua.com/2015/08/05/gongora-y-los-rios/

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s