El lector de Julio Verne: Una crisálida de acero y letras

      La literatura te hace crecer, te hace soñar y también te permite descubrir historias ocultas del pasado. Almudena Grandes, a través de sus Episodios de una guerra interminable, intenta retratar las  huellas físicas y psicológicas que a todos dejó el trágico final de la II República española. 

       El lector de Julio Verne es el segundo volumen de los seis que conforman la serie, que tiene como referencia los Episodios Nacionales de Galdós. Al igual que su predecesor, Inés y la alegría (2010),  parte de una imagen. En la primera entrega, fue la visión de una mujer montando a caballo la que dio lugar a una trama sobre la incursión en el valle de Arán,  en 1944, de un grupo de antiguas tropas republicanas. En la siguiente publicación. son los pies de un niño, Cristino, los que inspiran a la ganadora del premio Sor Juana Inés de la Cruz (2011) a escribir sobre la guerrilla que tuvo lugar en la Sierra de Jaén durante el trienio del terror (1947-1949).

     El testimonio real de Cristino,  hijo de uno de los guardias civiles encargados de controlar el peligroso pueblo de Fuensanta de Martos tras la guerra, le sirvió a Almudena Grandes como hilo argumental para trasladar a la ficción muchas de las trágicas vivencias que este tuvo que presenciar durante su infancia en la casa cuartel. Nino, en varias ocasiones, debe de consolar a su hermana pequeña diciéndole que lo que oyen ambos (mientras están en su habitación) forma parte de un terrible largometraje y no de su entorno:                    

otra vez están poniendo películas y no me puedo dormir”. Ven aquí, acuéstate a mi lado, que vamos a cantar (…) . Eso era la vida, la única vida que yo conocía, una pesadilla rojiza y espesa, salpicada de gritos (…)  de sangre que se desvanecía  con cada amanecer (Grandes, 2012; 153).

       Sus confesiones sobre la forma de vida de los falangistas, siempre alerta y replegados por  el  miedo de sufrir represalias o una nueva rebelión, hacen reflexionar al público actual sobre las distintas dificultades que tuvieron que afrontar los vencedores.  Estas también se encarnan a través del padre del protagonista, que ha de cumplir a regañadientes las crueles órdenes de sus superiores para poder sacar a su familia adelante. Pero la riqueza testimonial de la obra va más allá, pues en sus páginas se muestra además la complicada existencia de los vencidos. 

     Nino admira profundamente al líder de la resistencia, Cencerro: “él era el más poderoso, el más listo, el más valiente (…) hacía lo que daba la gana, porque entra y salía de su casa, de su pueblo (…)” (Grandes, 2012; 63). La fascinación que este personaje histórico suscitaba entre los más jóvenes hace temblar al régimen franquista. Por este motivo, cualquier comentario o acción en la escuela que pudiera dar signos de disidencia a la falange es duramente reprimido: “la regla de oro consistía en acatar la voluntad del terror, reducir la verdad al mínimo y no hacer nada, no saber nada, no decir nada, mirar sin ver, escuchar sin oír, y no comprender” (Grandes, 2012; 63).

      No obstante, la escritora de Los aires difíciles no cae en el fácil maniqueísmo.  La novela retrata con detalles las diversas agresiones e injusticias que cometen los guerrilleros republicanos. Nino, durante su periodo como aprendiz de mecanografía en la casa de estos, tiene que afrontar  duras críticas y sufrir acciones violentas por parte de estos solo por el  hecho de ser hijo de un guardia civil.

      A pesar de todo ello, la narración no adquiere un tono pesimista o trágico. El clima de violencia, pobreza y traición que rodea al protagonista se ve diluido gracias a la presencia de Pepe “el Portugués”.  Las escenas de humor y de reflexión que se producen entre ambos dotan a la obra de una gran riqueza expresiva y humana. Además, será este intrépido personaje el que inicie a Nino en el mundo de la literatura de Julio Verne y de Galdós.

      La valiosa intertextualidad que ello produce en la narración y el crecimiento personal que, a través de tales  lecturas, se da en el muchacho son dos de los grandes aciertos estilísticos de El lector de Julio Verne. Como señala Almudena Grandes en su entrevista con Jaime Pacios: “los libros ensanchan la mirada del niño y cambian también su posición en el mundo (…) le enseñan una manera distinta de distinguir a los héroes de los cobardes, a los leales y a los traidores”. Y, en los momentos cruciales y de más tensión de la trama, el protagonista remite a fragmentos de títulos célebres para poder afrontar mejor las extremas situaciones que a este se le presentan:

Jim Hawkins rescató la Hispañola sin la ayuda de nadie, me recordé a mí mismo cuando perdí de vista la casa cuartel. El solo se subió al barco, se enfrentó con un par de marineros traidores, los venció (…) y si el solo hizo todo eso  ¿no voy a ser capaz de llegar al cruce?  (Grandes, 2012;  366)

    Las conocidas alusiones literarias que aparecen en la novela crean una agradable sensación de familiaridad en el lector, ya que la mayoría de  los títulos que se refieren en esta obra han sido lectura de cabecera de gran parte de la población.  Estas, unidas a las frecuentes referencias a la popular canción de la “vaca lechera” (himno de los maquis), potencian aún más el sentimiento de complicidad y de cercanía que transmiten los personajes durante toda la trama.  En ella, el miedo y la incertidumbre hacen que la frontera entre “buenos” y “malos” se diluya y se enriquezqa mediente un estilo cargado de lirismo. El lector de Julio Verne es, en definitiva, una humana y emocionante historia de un niño que, tras crecer entre acero y letras, logra convertirse en dueño de su destino.

 Bibliografía

 

 

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Acerca de Zoraida

Ha realizado el Grado en Lengua y Literatura española (UAB) y el Máster de estudios filológicos superiores (UVA). Además, cuenta con dos posgrados: "Experto en Humanidades Digitales" (UNED) y "Diseño y gestión de proyectos elearning" (UOC). En la actualidad, cursa el doctorado de Español: Lingüística, Literatura y Comunicación en la Universidad de Valladolid. Gran parte del contenido del blog es de autoría propia y, por tanto, los derechos de propiedad intelectual de su contenido y de sus imágenes están reservados exclusimavente a su creadora. Los diversos elementos que conforman las entradas solo se podrá compartir reconociendo sus derechos morales y sin obtener ningún tipo de beneficio económico por ello.
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4 respuestas a El lector de Julio Verne: Una crisálida de acero y letras

  1. anakuyenhn dijo:

    Mil gracias por la reseña, muero por leer este libro, pero no lo he encontrado en las librerias aqui. Creo que lo terminaré leyendo en digital.

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  2. Se perfectamente de lo que hablas, a propósito del libro de A. Grandes. Yo soy hijo de Guardia Civil y, aunque me distancié del Benemérito Cuerpo, recuerdo perfectamente los gritos de algún que otro detenido a través de la pared de mi habitación, sita en la casa cuartel de Port-Bou. No le recomendaría a nadie parecidas vivencias… Saludos muy cordiales.

    Le gusta a 1 persona

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