Los romances fronterizos: «Abenámar» y «La pérdida de Alhama»

   

          La conquista de Al-Ándalus por parte de los Reyes Católicos favoreció la creación en los siglos XIV y XV  de una nueva forma épico-lírica: los romances fronterizos. Estas composiciones breves transmitían los acontecimientos (reales, legendarios o  idealizados) que se iban desarrollando en los conflictos entre Castilla y los territorios musulmanes de la península. A pesar de su carácter histórico y de su voluntad propagandística, comparten muchos de los rasgos que caracterizan al resto de los romances: anonimia, transmisión oral, versos octosílabos (con rima asonante en los pares), fragmentarismo e intensidad lírica.  El auge de estos cantos épicos se inició en 1410 (a partir de la toma de Antequera por el infante don Fernando) y culminó con la conquista de Granada en 1492.

         Una de las primeras composiciones dedicadas a la toma de la ciudad nazarí  es el  Romance de la pérdida de Alhama”. Su gran divulgación en la época ha hecho que se conserven varias versiones. Ginés Pérez de Hita presentó dos distintas en su libro Guerras civiles de Granada (1595): una más emotiva que recalca, mediante el estribillo “¡Ay de mi Alhama!”, la enorme pena que sintió el monarca musulmán al perder este territorio y otra (sin estribillo) que se limita a explicar la reacción del rey y de sus vasallos. Pérez de Hita creía que este romance había sido escrito en arábigo y traducido posteriormente al castellano. Sin embargo, Menéndez Pidal demostró que fue compuesto en castellano, utilizando una óptica mora como ocurrió con otros muchos. El poema está basado en la derrota que sufrió el monarca Muley Abul Hasan, en 1482, al perder la villa de Alhama.  

       El texto,  al tratarse de un romance-cuento, podría dividirse estructuralmente en tres partes: introducción (vv. 1 – 7), nudo (vv. 8 – 17)  y desenlace (vv.13-15).  En estas se nos muestra la agresiva e impulsiva reacción del rey moro tras conocer la victoria cristiana y su insensato deseo de volver a la batalla. Además, se pone de manifiesto su falta de conciencia, pues  no reconoce las afrentas cometidas que le atribuye su alguacil. Este ante su comportamiento no puede evitar alegrarse por la derrota sufrida: “por matar los Bencerrajes[1] que eran la flor de Granada;/ acogiste los judíos de Córdoba la nombrada,/ degollaste un caballero persona muy estimada”. El romance presenta, por tanto, dos imágenes opuestas del moro (la del buen vasallo y la del mal rey) con el objetivo de recalcar el valor de la conquista católica.

              Otro romance fronterizo que ayuda a potenciar tal idea es el de “Abenámar”, una composición conocida no tanto por su valor histórico sino por su riqueza estética. Se conservan tres versiones: la primera corresponde al Cancionero de Romances de Amberes (también recogida en la Silva I de Zaragoza y en la Rosa Española de Timoneda);  la  segunda, más larga, incorpora una introducción y añade al final unos versos que hablan de un supuesto ataque a Granada;  y la tercera  (incluida en las Guerras civiles de Granada y más breve que las anteriores) que es la  más lograda formalmente.  

         Este poema revive el encuentro que pudo suceder entre el rey castellano don Juan (Enrique IV o Fernando el Católico)  y el moro Abenámar ante la ciudad nazarí. Se trata de un romance cuento, que se puede dividir en: introducción (vv. 1-15), nudo (vv. 16-31) y desenlace (vv. 32-42). En las dos primeras partes, Abenámar (fiel y noble siervo) presenta la hermosura de Granada, personificada en una mujer. El monarca cristiano después de oír sus palabras  manifiesta sus deseos de  contraer nupcias con ella. Para conseguirlo, le ofrece  la dote de Córdoba, Sevilla y Jerez. Esta  propuesta es rebatida por la amada: “casada soy que no viuda: /el moro que a mí me tiene bien defenderme querría”. En la última parte, el rey cristiano entra en batalla para  conquistarla. Cuando lo consigue, regresa a su tierra con riquezas y con la promesa del monarca musulmán de ser su vasallo.   

       Tanto en este romance como en el de “La pérdida de Alhama”,  la figura de los gobernantes cristianos es elogiada y mostrada como superior a la de los dirigentes musulmanes con el objetivo de promover la lucha contra estos en la península. Pero tras el fin de la “Reconquista”, la creación de composiciones líricas ambientadas en el mundo árabe no cesó.  El gusto por  retratar de  escenas y  espacios relacionados con este “maurofilia” se extendió hasta dar lugar, en el siglo XVI, a los romances moriscos. Su finalidad ya no era informar,  sino entretener mediante historias  protagonizadas por un moro noble, galán y de altos sentimientos.

 

Bibliografia

  • Alvar, Manuel (1970)  El romancero. Tradicionalidad y pervivencia,  Planeta, Barcelona.
  • Díaz- Mas, Paloma, Romancero (1993), Crítica, Barcelona.
  • Menéndez Pidal, Ramón, Flor nueva de romances viejos, 1980, Selecciones Austral, Espasa-calpe, Madrid.

 


[1]Se trata de la noble familia granadina de los Ibu as-Sarray (también llamados en fuentes cristianas Abencerrajes), la cual habría sido asesinada a traición en una de las salas de la Alhambra.

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Acerca de Zoraida

Posee el doctorado en "Español: Lingüística, Literatura y Comunicación" de la Universidad de Valladolid. Ha realizado el Grado en Lengua y Literatura española (UAB) y el Máster de estudios filológicos superiores (UVA). Además, cuenta con dos posgrados: "Experto en Humanidades Digitales" (UNED) y "Diseño y gestión de proyectos elearning" (UOC). Gran parte del contenido del blog es de autoría propia y, por tanto, los derechos de propiedad intelectual de su contenido y de sus imágenes están reservados exclusivamente a su creadora. Los diversos elementos que conforman las entradas solo se podrá compartir reconociendo sus derechos morales y sin obtener ningún tipo de beneficio económico por ello.
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